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Fuente No.5

  • Foto del escritor: Miguel Gylmar Meza Aguilar
    Miguel Gylmar Meza Aguilar
  • 17 jul 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 oct 2023

Sobre el Autor (a) y la resignificación.



Qué es lo que diferencía a un soñador de un creador? El conocimiento técnico? Los cojones? O ambos. Puede llegarse a ser un gran artista sin antes haber sido crític@ y gritar “Sí carajo, sí: por esto es por lo que vale la pena vivir señores!” hasta que el guardia te saca de la galería o la proyección? Y ahora eres más ligero y responsable de tu felicidad que hace un momento. El buen cine te da valor: te recuerda que para la Vida es necesario el error -que es el término humano para el azar ante la consciencia de la elección-. La trama misma de la existencia está compuesta de su innegable influencia. La Vida está ocurriendo efímera y perpetua a través de nosotros y sería una inadvertencia querer encerrar en un frasco el furor del Río, en vez de abrazar al Caos y disolverte en el Todo a través de él. Morir y renacer en otro tiempo y otro loco, amante de las imágenes y secuestrado por su Luz, que puede llevar a las mentes más brillantes a la bancarrota, que es ilusión de guión y la ilusión del autor. Construcciones que pueden llegar a ahogar o apaciguar lo cinematográficamente real que pueda tener una película. Ya que mientras más se nieguen otras Artes en el Cine, más innegable será el evento cinematográfico para tod@s los involucrados en él –sin sacrificar la noción de audiencia-. Eraserhead (de Lynch) y Martyrs (de Laugier) lo hacen y lo hacen muy bien, e incluso en ellas no abandona del todo al que mira, l@ arrastra sí, y afronta con sus pesadillas para llevar al otro lado del espejo, pero aún así mantienen una lógica muy humana y al final es el público quien marca la pauta de lo que se produce para exprimir o reinventar un movimiento cinematográfico. Y el buen director(a), o autor, sabe que aunque propicia, no controla ese mundo bello de realidad que es la Naturaleza: ni como cae una hoja al viento, ni la lluvia ni el fuego de la atracción humana. Es al final un pescador de impresiones: alguien que arma un collage, el azulejo de ideas de un templo en ruinas, algo que evoca a algo más grande y bello que cualquier obra maestra encontrada en el fin de la memoria universal. El Cine pues, nace del error. Y no es por eso menos sincero, que como Tony Montana “hasta cuando miente dice la verdad”. Y como todo autor(a) de ficción es también un documentalista en el interior, ya que lo que trata es la expresión de la naturaleza en el Tiempo. Desde el gesto delirante de Conrad Veidt a la voluntad de cada pliegue en el vestido de la Marilyn al contacto con la brisa. Entonces: qué controla un autor(a) y cuándo surge un verdadero momento cinematográfico? Es estipulado éste por los creadores o por la audiencia? Cuando haces las cosas bien la gente no sabe si en verdad hiciste algo -citando al ep.52 de Futurama-. Y en todo caso los autores algún día dejan de ser espectadores, y cuando son conscientes al crear, de ser crític@s? Creo que la respuesta a esto es más abordable en la reflexión del arte-objeto contemporáneo y la instalación. Duchamp plantea esto de lleno: hay que ser crític@ para ser artista? O tanto para la creación como la crítica bastan un par de fósforos y una oportunidad.

 
 
 

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