Pijamada lésbica espacial
- Miguel Gylmar Meza Aguilar
- 23 ago 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 6 nov 2023
A propósito de Lightyear.

Pixar ya no da estrenos que sean noticia, o que sean esperados por su autenticidad: en la actualidad, sus mejores acercamientos a lo que sería una animación memorable, se enclaustran en la interacción de los elementos de la naturaleza con las superficies, es decir: que su enfoque técnico se ha vuelto la representación de la Naturaleza, incluso si esta es el fulgor del terciopelo en el espacio exterior. La metáfora más vívida de lo que es el estudio en la actualidad es el gran escape de Hank en Finding Dory -Siempre las películas enfocadas en recrear las condiciones marinas, serán la síntesis de una cumbre técnica y la batuta del rumbo de la animación posterior a su generación-. La peli dirigida por Angus MacLane es una combinación de Star Wars con Interstellar y nos sumerge en un cuento sobre la ansiedad de control, sobre dejarse ayudar.
El diseño de personajes es el más atroz que haya sacado el estudio, por su discordia: todos los personajes tienen ojos grandes menos el protagonista y esto, sólo tiene sentido en un ámbito publicitario, donde ya se han vendido toneladas de juguetes del icónico astronauta, pero no del resto de los nuevos personajes. Todos despreciables a excepción del gato. La historia: por otro lado es buena, la acción no tanto, ya que está muy limitada en la violencia física pero curiosamente no en el uso de armas. Te sorprende en más de un momento, sobre todo en relación al Tiempo y cómo es concebido en distintas etapas de nuestra vida, haciendo que pensemos, la edad es el enfoque con que percibimos el todo de nuestra mortalidad?
No tiene sentido que esta sea la peli favorita del mismo Andy de Toy Story porque en el '95 no habría una película donde no se construyera una tensión romántica entre una pupila y un mentor protagonista, sin mencionar que en aquél entonces no había una animación tan fluida ni efectos más chingones que en The Mask; es negar la propia realidad de la franquicia, como el hecho de que el mando de la nave Prometheus sea más avanzado tecnológicamente que el del Nostromo. Este esperpento lo que pretende es vender juguetes con la campaña más costosa que pueda: el truco es construir una campaña complaciente, incluso muy espectante y entregar un trabajo mediocre, o miserable –en relación a lo construido en campaña*-, elevarte, como dice la Trevi, hasta el cielo y luego hundirte en el infierno. En ningún momento, ni siquiera con Seu Jorge ni nada, se escucha la rola de Bowie con que esta historia se anunció. Falaz. Sin embargo fue épico ver a Zurg y su archirrival enfrentarse uno a uno, si se llega a aliar con el Dr. Tocino vale madres todo el cosmos.
"Es negar la propia realidad de la franquicia."
Lo más decepcionante de la experiencia de ver este filme es ver que Pixar ya no conoce a sus audiencias, o que las niega en pro de lindos billetes verdes, entregando no una mala película, sino la película más olvidable y prescindible de su legado hasta hoy, lo cual es terrible como diagnóstico. No realizan esta película porque haya necesidad o el público la haya pedido a gritos, sino porque se cumplen treinta años de su franquicia, la cual influye a toda una generación de padres y madres con símbolo de morlaco en su rostro, y el nombre de Lasseter, su creador, no figura en ningún lado. Sin embargo una etapa de gloria contemplacionista está por llegar. La renovación de Pixar se halla en su Naturalismo: enfocándose en la representación del agua, la luz y su haber en el tiempo -influencia de Ghibli-puede retornarse a las historias simples pero sustanciosas; sin embargo el estudio no volverá a ser relevante muy probablemente hasta mediados de esta década.




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