Expresionismo eléctrico
- Miguel Gylmar Meza Aguilar
- 22 ago 2022
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 nov 2023
A propósito de la nueva entrega de Robert Eggers.

El hombre del norte es la versión del rey león más brutal jamás hecha. Estridente y sugestiva. Un meme de bob esponja: con audaz ejemplifinio lo empalma con uno de sus episodios en que descubren el fuego, una versión cavernícola de los protagonistas; (que a la vez se inspira en quest of fire de Annaud – en su uso de la alternancia y el crescendo- para empaginarnos con la época y lo épico de estar en un momento total en sí y completamente ajeno a nuestro contexto) el grito de la valquiria es, por sí sólo, el claro ejemplo de lo que podría ser el expresionismo cinematográfico en la actualidad, expresionismo sonoro, que surge al rescate del gesto y su relación con lo ancestral: en lo que Björk y Dafoe son apabullantes y (muy) asombrosos: son, como cuando Vegeta rompe aquella máquina de fuerza en dragonbolceta, en cuestión de mueca.
“El símbolo te cuenta la historia: y la historia, es el símbolo.”
Ciertamente el uso del primer plano, la música + el simbolismo, el ritmo (y su frenesí) vuelve a la película un viaje hipnótico y revelador hacia la brutalidad de la vida. Rolas arriesgadas: calidad auditiva digna de un jedi y exponente del horror contemporáneo -la misma lírica del guión es en sí como el poema suscitado en una cueva muy obscura- y es un grito de guerra como una flor en las cenizas. La mayor apuesta presupuestal de su creador hasta la fecha (mayo'22) y su película más ambiciosa: actores y colores en empate bajo la batuta de un memoreógrafo del delirio y del destino. De forma arrítmica , el símbolo te cuenta la historia: y la historia, es el símbolo. Un símbolo del hoy.




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