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Tres sitcoms (vol.1)

  • Foto del escritor: Miguel Gylmar Meza Aguilar
    Miguel Gylmar Meza Aguilar
  • 23 ago 2022
  • 3 Min. de lectura





A finales de la década de los dosmil los grandes cronistas de la modernidad se enfocaron en crear obras maestras. Y cuatro grandes eventos marcarían la naturaleza de estas series: uno, la crisis económica del 'O8, dos, Obama en el poder, tres, la huelga de escritores y cuatro, la cancelación de Arrested Development. Este panorama caótico de la televisión o la era del quiebre –que ocurre desde el final de Friends hasta la aparición de Hora de Aventura (en la animación) y Breaking Bad (en el live action)- se caracteriza por varios puntos: la ambigüedad de audiencias, la ambigüedad de imagen y la ambigüedad de contenido; que atañen a la identidad corporativa de cada canal y su visión a futuro. La primera se enfoca en que los niños ven Mtv y los adultos miran Nick, o los satánicos Mariavisión. La segunda es parcialmente determinada por la primera, concibe a estas audiencias saltarinas y es sobre presentarse siempre audaz y fiel al espíritu original del canal a la par de que se va acumulando cierto grado de solemnidad. Y la tercera es crear malos shows y cancelar los buenos.


Las cosas serias en estos años estaban siendo creadas por los guerrilleros: Chris Rock hizo Everybody hates Chris, Harmon trajo Community, Tina Fey: 3O Rock y Amy Poehler: Parks and Rec, Linehan hizo The It Crowd, Gervais trajo Extras y motivó a la creación gringa de The Office. Pero, porqué las grandes series de esta época se enfocan en los placeres y dramas mundanos del trabajo (y la escuela): es decir, la relación con los otros? Como si se encargaran de hallar lo bello en lo cotidiano, que surge de manera natural con la improvisación. Para delimitar mi punto –la relación entre el Trabajo y la Televisión- hablaré enfocándome en 3O Rock/Parks and Recreation/The Office. Estas series toman un papel activo de parte de sus creadores explorando un manifiesto no tácito: improvisación+guión=reducción de costos de producción, porque la vida ya es a veces como un programa de televisión y mostrarla tal cual es no debería ser tan caro, pero sí lo es. El que los desarrolladores de los shows sean también los guionistas e incluso los actores, dio como resultado algo actual y humano, lo cual es raro en la televisión: es en las sitcoms donde el dogma (noventaicinco) funciona, porque ahí tiene sentido reducir las cosas al mínimo y es donde viven los auténticos esplendores del zoom digital.


"Qué implicaría tener una mujer presidenta, (...) y cómo ascender en un mundo dominado por hombres?"

Hay una especie de resonancia quizá, entre dosmilocho y dosmilveinte, pareciera que en aquél entonces esperamos lo peor y en veinte veinte vivimos lo peor: algo que inevitablemente nos remite a nuestra relación con los otros, sobre todo en el ambiente vocacional, el cual ha cambiado para siempre con el jomofis (me hace pensar en aquella película de Murnau: El Último, en cierta forma estos shows son los últimos de una larga tradición y los pioneros de otra) quizá sea en estas áreas de la interacción humana –comercio-laboral- donde percibimos que el mundo cambia de forma drástica, ya que vemos las mutaciones de rol de género en forma tangible. Shows como Encantada o Sex and the City exploran ésta cuestión política y social. La serie que mejor aborda esto en la época final de la televisión análoga es Parks and Recreation. Qué implicaría tener una mujer presidenta, y cómo llevar cargos de autoridad y ascender en un mundo dominado por hombres? Rotunda e imparable, esta serie, a diferencia de sus hermanas televisivas toma una postura política definida, y al mismo tiempo no deja de satirizar a quienes se mueven en las esferas de poder y las formas de alcanzarlo en una era de supuesta diplomacia, todo con un gran elenco de improvisadores: Aubrey Plaza y Azis Ansari, Pratt, Lowe, así como Offerman y por supuesto Poehler y Scott. Alto calibre, gran manejo del montaje y desarrollo de la historia, too. Así como una cámara naturalista que opta por planos generales.


Si aplicamos la fórmula de la escuela de Chicago que es ciudad=laboratorio, entonces para la industria del entretenimiento de la época se traduciría como espacio de trabajo=show televisivo (o “reality” show), ambas disciplinas buscan indagar en las interacciones sociales de la manera más barata y pura. Esta serie es una acrobática aventura, y una de las más divertidas reflexiones de la modernidad, la toma de consciencia, el activismo social y el rol de género – si Godard hubiera visto aunque sea un episodio no habría hecho aquel despapalle que hizo en los setenta, pero así como Poehler: ambos coinciden en preguntarse, y responsabilizarse de-, hasta qué grado (como artista, comediante, etc) mi discurso es política?



 
 
 

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